En los análisis se habla de amor.
Aún.
Del amor imposible, insatisfecho, duradero, fugaz, enloquecedor, abrasador…
Siempre pronto a un adjetivo más, pero nunca, fácil.
Cambia su narrativa y también los medios para conocer a alguien.
Desde La Celestina en el siglo XV a las agencias matrimoniales, el problema de contactar a personas solteras con fines amorosos siempre ha sido una tarea ardua.
Con el espíritu de antaño, las aplicaciones ofrecen la oportunidad de tener un primer acercamiento "seguro y fácil" a través de cálculos algorítmicos.
Una joven que recientemente ha comenzado a usarlas decía muy animadamente que el algoritmo la considera linda porque le muestra gente linda.
Al respecto de la belleza, una nueva tendencia denominada Shrekking se hizo viral en TikTok en el último trimestre de 2025.
Su nombre alude al personaje del film que parodió los cuentos de princesas.
El Shrekking consiste en elegir a alguien menos agraciado. De este modo, se reducen las chances del fracaso amoroso, aunque también puede pasar que quien se consideraba bello sea shrekkeado.
Este tipo de elección es calificada de tóxica.
Podemos vislumbrar por qué se designa así e incluso decirlo de un modo literario: "¡La miseria le da al hombre extraños compañeros de cama!".1
Esa miseria es el resultado de una versión que sostiene la elección en sí.
Una versión que no es más que la vana pretensión de reducir el riesgo al desencuentro que ronda siempre las cuestiones del amor.
Las aplicaciones efectivamente apuntan a una suerte de garantía de buena elección.
Pero sabemos que no hay garantías y que a seguro se lo llevaron preso…
El amor no se debe a la precisión del algoritmo, sino al azar, a la contingencia.
"Todo amor [nos dice Lacan], por no subsistir sino con el cesa de no escribirse, tiende a desplazar la negación al no cesa de escribirse, no cesa, no cesará".2
De este modo, lo contingente se vuelve necesario; se vuelve destino y drama del amor.
Este último condensa todas las formas del reproche cuya procedencia no es otra que el reflejo del amor en su cara imaginaria.
Hay otra.
Echemos mano de un conocido refrán para delinearla: siempre hay un roto para un descosido.
Su fórmula no apunta a ninguna complementariedad sino a dos faltas que se recubren. Aún.
[1] Shakespeare, W., La tempestad, Buenos Aires, Agebe, 2005, p. 41.
[2] Lacan, J., (1972-1973) El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 175.


