Se recurre a la figura del celibato para caracterizar lo esencial del modo de goce solitario del hombre, que se expresa mediante el apego a los objetos técnicos en un claro abandono del "principio de complementariedad jerárquica entre los sexos".1 Si el hombre les dedica tanto interés es porque en ellos capta algo del goce del cuerpo, cuyo modelo es el goce del órgano. Es decir, el goce del órgano se constituye como la propia negación de la relación con el Otro. Como satisfacción de la pulsión, el goce es la encarnación de la no relación, es decir, el goce es autista.2 Decir que es autista es decir que, al no ser una relación, el goce es una sustancia.3 Desde este punto de vista, el modelo del goce del cuerpo es el goce del órgano en el sentido –de la boca que se besa a sí misma– y por eso no copula.
Hay una vertiente de estos objetos técnicos modernos que los pone en conexión con el objeto a, concebido como el motor de la forma fetichista propia de la sexualidad masculina. En este apego a los objetos técnicos, el objeto a se manifiesta a través del plus de goce, ya que no solo se busca obtener el producto, sino el goce que lo acompaña y el hecho de poder repetirlo una vez más. La constatación de que la adicción está en la raíz del uso de estos objetos técnicos es suficiente para considerarlos como órganos necesarios para el célibe de hoy, dictándole nuevas funciones e imponiéndose como prótesis susceptibles de anular la relación singular del humano con el deseo. La pregunta que surge de la fuerza de esta adherencia libidinal a estos objetos, va mucho más allá del problema del aumento del celibato en la modernidad, para expresarse como una pregunta sobre quién es el otro o, incluso, quién es la pareja de estos sujetos.
El propio Lacan formula que el célibe erige, para sí mismo, una dimensión ética, teniendo en cuenta la audacia de su acción al responder por la no relación con el Otro, sobre todo cuando se contenta con tomar tal relación al pie de la letra.4 Tomar al pie de la letra esta relación con el Otro es considerarla según la verdadera cara en que se presenta al ser sexuado, a saber, el Otro sexo. Por lo tanto, el célibe evita el encuentro amoroso con la pareja sexual mediante una ética que promueve un cortocircuito en la relación con el Otro o, más precisamente, es alguien que no acepta ninguna posibilidad de establecer una comunidad íntima y duradera con una mujer.
[1] Alberti, Ch. "La sexualité depuis Lacan", Mondō. Disponible en: https://mondodispatch.com/2025/09/11/la-sexualite-depuis-lacan/
[2] Miller, J.-A., (1995-1996) La fuga del sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 163.
[3] Ibíd.
[4] Lacan, J., (1973) "Televisión", Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 567.

