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Llevo dos semanas en Barcelona después de haber emigrado de mi país. Nada está donde se lo espera. Ni siquiera la lengua, que en apariencia es compartida, parece funcionar. No le entiendo a nadie, nadie me entiende, no nos entendemos.

En uno de mis primeros viajes en metro, en una estación alejada de la ciudad, suben dos personajes de llamativa apariencia. ¿Draculiana? ¿Gótica? Peculiares.
Ante la mirada de abuelas que cuidan de sus nietos y de trabajadores que viajan rumbo a sus puestos de trabajo, uno de estos personajes conocido como Leo nos hace la promesa de que, de la mano del heavy metal y gracias a su señor Satanás, van a salvar al mundo.

Coge su guitarra de nylon con la inscripción Heil Satan y sin siquiera mirar a su compañero Eskul, que ya se encontraba golpeando la caja sobre la que mantenía el equilibrio, comienza a entonar un Te gusta el plátano por el potasio.

Son los Carne de Satán.1 De apariencia aterradora pero extremadamente amables consiguieron convertir las miradas de sorpresa en simpatía casi instantáneamente.

Se despiden ya que han visto subir a un guardia en el cambio de estación. De pronto la sensación de extrañeza se agota. Desconocidos se convocan con la mirada y se sonríen. Ahora tenemos algo en común. Nos entendemos, por un momento.

Fue el primero de muchos encuentros con este dúo de supermetaleros. Oriundos de Venezuela y de Perú se encuentran en Barcelona hace diez años aproximadamente para seguir haciendo lo que han hecho toda su vida: tocar y seguir tocando. Una solución que perdura cuando todo falla.
A partir de un trueno que sale del infierno, sube a los cielos y cae sobre la tierra, se representan en este proyecto artístico, pero de vida también, con el rock como brújula y la ciudad, o más bien el under de esta, como mapa.

Fuera del transporte público se los puede encontrar amenizando diferentes plazas y callejones del barrio del Raval, el Gótico y el Born, tocando a la gorra. Nunca en el mismo lugar y siempre en movimiento se han convertido en personajes que pese al ir y venir turístico de la ciudad, se vuelven un punto de encuentro para quienes recorren las calles de Barcelona.
Si bien la relación sexual no existe y cualquier entendimiento está condenado al fracaso, más bien la lectura que estos artistas ofrecen es que, frente al encuentro con esta imposibilidad, se puede dar una respuesta propia para que la cosa marche. Donde el circuito, por su normalización salta a la vista que cojea, la diferencia parece subsistir en el contraste. Otro plan es posible. Por suerte algunas invenciones, las que comprometen verdaderamente al sujeto, pueden hacerse extensivas a quienes se dejan tocar por ellas, aunque sea por un momento.

[1] Para conocer un poco más sobre Carne de Satán se puede ver este minidocumental disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=G1Xjx0QXqf4&ab_channel=CarnedeSat%C3%A1n; aunque recomiendo "diabólicamente" su largometraje Guernika no existe, aquí el trailer:
https://www.youtube.com/watch?v=yrlqewTYavI&ab_channel=%5BWAMFS%5D