El día del estreno del célebre ballet de Ígor Stravinsky, La consagración de la primavera, estalló un gran escándalo. El ballet comenzaba con el sonido de un fagot largo y nasal, seguido de una "adivinación primaveral" acompañada de síncopas endiabladas: tumulto y estrépito. Según los testigos, "la agitación y los gritos en la sala alcanzaron el paroxismo: silbidos, insultos a los artistas y al compositor, gritos, risas".
El propio Stravinsky recordaba que cuando hizo escuchar La consagración… por primera vez a Serguéi Diáguilev, este le hizo una pregunta que consideró muy "ofensiva": "¿Y esto durará mucho tiempo más?". A lo que Stravinsky respondió: "Hasta el final, mi querido". Este ballet intempestivo, adelantado a su tiempo, obra llena de disonancias y de un ritmo pulsatorio, dejó al descubierto el malestar del hombre en sus relaciones con los otros: "con ese grito se distingue el goce obtenido del esperado".1
Vaslav Nijinsky, "mariposa perdida en la multitud" según la expresión de Proust, inventa, en contrapunto a la compleja partitura de Stravinsky, un nuevo lenguaje en la danza. Acto2 pero no glosolalia. Pues la revolución que Nijinsky realiza en la danza se inscribe, no obstante, en las experimentaciones de su época –aquellas de Isadora Duncan o de la escuela eurítmica de Dalcroze–.
Este lenguaje marcó una nueva época, la de la caída del Nombre-del-Padre. Y resulta notable que el material coreográfico y los elementos escenográficos del espectáculo se hayan perdido durante mucho tiempo. ¿Negligencia? Quizás esta verdad sobre la disonancia entre los seres hablantes y el sexo fue demasiado radical. Era mucho más sencillo volver a servirse de un fantasma de armonía, como hizo Disney al utilizar la música de Stravinsky en su película Fantasía, ese film sobre el nacimiento de la vida en la Tierra…
Pero La consagración de la primavera sigue siendo esa obra maestra extraña y fragmentada sobre el despertar sexual, enlazada a "la pulsión sexual […] [que es] refractaria e indócil".3 La música de este ballet y esta danza no cesan de no escribirse: cambian de forma, se interrumpen, se recomponen, se pierden de nuevo, encontrando sin cesar nuevas variaciones de un nacimiento estruendoso.

[1] Lacan J., (1972-1973) El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 136.
[2] Naveau L., « Des mercredis soir à Paris sur le Séminaire Encore », UFORCA, 27 de diciembre 2010, [en línea] https://www.lacan-universite.fr/wp-content/uploads/2010/12/Des-mercredis-soir-8-1.pdf.
[3] Freud S., (1908) "La moral sexual «cultural» y la nerviosidad moderna", Obras completas, Tomo IX, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, p. 176. Citada por: Alberti C., "No hay relación sexual", velada de la AMP, 3 de febrero de 2025, [en línea] https://congresamp.com/fr/blog/il-ny-a-pas-de-rapport-sexuel/

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