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La adolescencia, esa temporalidad singular en la que el sujeto debe desprenderse de la autoridad parental,1 revela la ausencia de saber sobre el sexo. Cada uno debe inventar su respuesta frente al real de la pubertad. Pero hoy, con la incidencia de lo virtual, el saber ya no se busca en el Otro.2 Hasta una determinada época, las civilizaciones y las religiones se desplegaron bajo la égida del Padre. El patriarcado, como forma de organización social, parecía ser una invariante antropológica.3 La caída de las figuras tradicionales de autoridad ha vuelto obsoleta la idea de un Nombre-del-Padre único, capaz alguna vez de indicar el camino a seguir. Los adolescentes se ven particularmente afectados por esta mutación de lo simbólico, incluida la decadencia del patriarcado.4 Su relación al significante, a la falta y al fantasma es decisiva para soportar el encuentro con lo sexual e impacta en su propensión a pasar al acto.5 Algunos se apoyarán en la transmisión recibida. Otros, desamparados, enfrentarán un goce que puede desencadenarse.
La multiplicación de pasajes al acto como lo son los apuñalamientos entre los adolescentes, testimonia de ello. En Francia hechos recientes ilustran esta violencia: un joven mata a una desconocida después de perder en un videojuego; un estudiante de secundaria asesinando a una compañera de cincuenta y siete puñaladas; un adolescente degollando a su hermano gemelo. Ya sea en la escuela, en casa o en la calle, no hay el Otro.
La serie británica Adolescencia, en Netflix, creada por Jack Thorne y Stephen Graham, se inspira en las oleadas actuales en Inglaterra: chicos atacando a chicas con un cuchillo. La serie invita a reflexionar sobre el malestar en la adolescencia, en la familia y sobre el odio en la era digital. Interroga este universo donde el goce pulsional del Uno prevalece sobre la transmisión,6 con padres desorientados ante la brecha generacional cavada por las redes sociales.
Jamie, de 13 años, mata a Katie con siete puñaladas. A sus padres les cuesta creerlo. La pericia psicológica revelará su fragilidad psíquica y sus móviles: su malestar en relación con la virilidad, el anudamiento nocivo entre la pulsión de muerte y el mal uso de las redes. En la soledad de su goce sin otro, Jamie se encuentra con las comunidades de retórica masculinista en las redes, abogando por que los hombres, castrados por el feminismo, son víctimas de las mujeres. Con el objetivo de una revirilización, estos buscan poner a las mujeres en su lugar, como si El lugar de La mujer existiera. Ridiculizado y rechazado en su virilidad por Katie, Jamie responde con el asesinato, mostrando que el cuerpo de una mujer puede provocar odio y violencia en quien, enfrentado a lo real, intenta extraerlo golpeando al otro.7

[1] Freud, S., (1909 [1908]) "La novela familiar de los neuróticos", Obras completas, Tomo IX, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, p. 217.
[2] Miller, J.-A., "En dirección a la adolescencia", [en línea] https://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-28/en-direccion-a-la-adolescencia/
[3] Miller, J.-A., "Lacan, profesor de deseo", entrevista a Jacques-Alain Miller por Christophe Labbé y Olivia Recasens, Consecuencias n.º 13/14, Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento, noviembre 2014, online. Publicada en el diario Le Point el 6 junio de 2013. Disponible en Internet.
[4] Miller, J.-A., "En dirección a la adolescencia", óp. cit.
[5] Cf. Rollier, F., « L'adolescence : passage et actes », La Cause du désir n.°116, abril 2024, pp. 47-57.
[6] Cf. Lacadée, P., "Crónica del malestar: III. La manada del disfrute excesivo", L'Hebdo-Blog n.°318, 25 de noviembre de 2023. Disponible en Internet.
[7] Maugin, C., « L'attentat sexuel n'est pas sans lien avec la haine envers les femmes », lectura de: Lebovits-Quenehen, Actualité de la haine, Paris, Navarin éditeur, 2020. Disponible en Internet.