Cuando Han Kang ganó el Premio Nobel de Literatura en 2024, ese libro que me crucé en una librería porteña, publicado en 2012 por la editorial independiente Bajo la luna, pasó a ser demandado como pieza de colección. Primera traducción a una lengua occidental por la coreana-argentina Sunme Yoon, quien se encontró con La vegetariana y antes de terminar el primer capítulo decidió traducirla.
Él, uno de ellos
La vegetariana –título de la obra y de ese primer capítulo– es el nombre que la alteridad toma para el marido cuando encuentra a su esposa una noche en camisón, frente a la heladera, tirando toda la carne a la basura.
"Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial".1 Él había elegido una que no lo perturbaba, solo su negativa a usar corpiño lo desconcertaba y excitaba un poco. El rechazo de Yeonghye a comer carne abre un agujero, presentifica algo totalmente extraño. Él responde injuriando "¿te has vuelto loca?", gozando al forzarla sexualmente. Pero ella se afina y escapa. Tampoco está en la cama del hospital donde es internada cuando su padre le mete carne en la boca y ella pasa al acto cortándose con un cuchillo.
Al encontrarla desnuda al sol, sentada junto a una fuente, lamiendo su herida, apretando entre sus manos un pájaro con una marca de dientes de la que brota sangre, todo velo se desgarra. "Pensé que no conocía a esa mujer. Era verdad, no era mentira".2
Ella
"He tenido un sueño…",3 responde Yeonghye sobre por qué ha dejado de comer carne.
De ella, unos pocos dichos, pesadillas y recuerdos infantiles escritos en itálicas que agujerean la trama. Escenas breves, sangrientas, un guiso con la carne del perro que la mordió de niña, ojos de bestias.
"Son ojos que parecen nacidos en mis entrañas. Cuando abro los míos temblando, me miro las manos. […] Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie. […] Mientras posea estos pechos redondos, estoy segura. […] ¿Pero por qué se me están adelgazando de este modo? […] ¿Qué es lo que cortaré con mi cuerpo que me estoy poniendo tan afilada?".4
Cuerpo asesino, cuerpo asesinado, cuerpo filoso, que encuentra una pausa a las pesadillas al ser cubierto por las flores que su cuñado le pinta alrededor de la mancha mongólica que aún tiene en la nalga. Pero se borraron. Y en el agujero de lo que no hay, otra vez los sueños dibujan lo que hay: un cuerpo y su goce. La vegetariana se vuelve vegetal. Ya no necesita comer, solo agua.
"Me crecían las hojas en el cuerpo y de las manos me brotaban las raíces… Estas se metían bajo la tierra… más y más… Sentí que me iba a salir una flor en el pubis, así que abrí las piernas. Las abrí mucho…".5
[1] Kang, H., La vegetariana, Barcelona, Penguin Random House, 2004, p. 11.
[2] Ibíd, p. 52.
[3] Ibíd, p. 15.
[4] Ibíd, pp. 36-37.
[5] Ibíd, p. 137.


