Al leer los textos de la sección "Desafinado", me surgió una pregunta: ¿acaso la improvisación dice algo sobre la no relación sexual? Intentaré responderla mediante la asociación libre para seguir un flujo improvisado.
Otra pregunta: ¿qué nos impulsa a escuchar una música inédita, irrepetible y que no podremos conocer hasta que no sea tocada? ¿No pone esto en primer plano el valor actual de lo inédito en un contexto en el que todo se quiere predecible, calculado y encajado en un algoritmo?
Lo inaudito también puede ser un nombre de la contingencia. Ir a tocar y escuchar un concierto de música improvisada, ¿no es acaso una forma de elevar lo imprevisto a la dignidad de obra de arte?
Lo inaudito también puede ser otro nombre de la sorpresa, de un encuentro que puede tener lugar sobre el fondo de un desalojo del fantasma que repite el mismo encuentro imposible entre los sexos. Hay que haber despejado la partitura de la fijeza de la escritura impuesta por el fantasma para hacer surgir la página en blanco donde resalta la relación imposible entre la música y el referente. Si no se da espacio a la página en blanco, lo inaudito no puede propagar sus ondas y sigue siendo un ruido de fondo, una cacofonía que molesta. Pero no hay armonía ni acuerdo.
Inaudito es también el nombre de la no relación entre pasado, presente y futuro. Es un tiempo en el que se hace presente el enunciado de Lacan: "Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye".1 La castración es inherente al hablar, algo se pierde y es irrecuperable, sin embargo, deja rastros en la existencia del cuerpo que habla.
Entonces, ¿lo inaudito puede ser también otra forma de nombrar la no relación sexual?
Estas mismas líneas son algo inaudito para quien las escribe, ya que son el eco imprevisto producido por la lectura de las otras contribuciones, que han hecho resonar mi experiencia de la música y del psicoanálisis.

[1] Lacan, J., (1972) "El atolondradicho", Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 473.

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