Rainer Maria Rilke1 parece darnos un "nombre" de la no relación sexual cuando escribe:
Compartir plenamente entre dos seres es imposible, y cuando uno cree que se ha logrado, es un acuerdo que impide a uno de los partenaires, o incluso a ambos, alcanzar su pleno desarrollo. Pero cuando uno se da cuenta de la infinita distancia que siempre existirá entre dos seres humanos, sean quienes sean, una maravillosa "vida en pareja" se hace posible: ambos deben ser capaces de amar esta distancia que los separa y a través de la cual cada uno ve al otro en su totalidad.2
Señala que siempre existirá esta distancia "entre dos seres humanos, sean quienes sean", lo que acentúa aún más que esta suerte de fórmula de la no relación sexual puede existir entre dos seres hablantes, sean quienes sean: un hombre y una mujer, dos hombres, dos mujeres, pero quizá también dos miembros de la misma familia, dos amigo(a)s, etcétera. Es el dos lo que está en cuestión aquí y la distancia infinita que los separa, es decir, la irreductible ausencia de relación entre estos dos seres hablantes.
La fórmula también nos dice que hará falta que los dos partenaires "sean capaces de amar esta distancia que los separa": amar tanto la distancia como al otro. ¿Qué podría significar esto, si no es aceptarla, acostumbrarse a ella y arreglárselas con ella hasta el punto de dejar de sufrirla, ya que la reciprocidad en el amor intenta reducirla o incluso borrarla? La pregunta permanece: ¿es posible amarla?
La propuesta resuena con aquella –provocadora– de Lacan, "amar su inconsciente". Amar esta distancia permitiría percibir "al otro en su totalidad", lo que parece cuestionar la consideración del sujeto dividido del inconsciente. Pero, solo de forma extraña, las cosas parecen entrecruzarse aquí en relación con los espejismos de completitud que produce el amor, que parece borrar la castración del otro y la del sujeto. Cuando somos capaces de amar la distancia infinita, ya no esperamos que la pareja venga a suturar la falta estructural del sujeto y, por lo tanto, "podemos percibir al otro en su totalidad", en lo que tiene, en el fondo, de más real.
Podemos reconocer en esta formulación de "la infinita distancia" una especie de analogon de lo que la "diferencia absoluta" significa para un ser parlante: la singularidad irreductible que el deseo del analista busca producir y que permite nombrar a un sujeto. Aquí, el poeta con su saber parece nombrar, con esta distancia, lo inexorable de esta diferencia a nivel del dos.
[1] Le debo esta referencia a la difunta Francine Beddock.
[2] Cf. Rilke, R. M., "Lettre à Emanuel von Bodman", 17 de agosto de 1901. Disponible en: https://pigrai.com/2020/11/08/le-poete-des-poetes-rainer-maria-rilke/


