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Entrevista de Nathalie Laceur (ECF, NLS) con Gérard Thomas en París.
Gérard Thomas es detective privado, fundador de una agencia de detectives privados en Niza
y París y antiguo secretario general del Consejo Nacional de Agentes Privados de Investigación.

Gérard Thomas: ¿Sabe cuál es el trabajo más antiguo del mundo? Todo el mundo piensa, por supuesto, que es el de la prostitución, sin embargo, es el trabajo de inteligencia, de información. No estoy absolutamente seguro, pero puede que no sea falso. Usted sabe, no comencé la semana pasada. Comencé mi trabajo hace cincuenta y cinco años. Mi forma de pensar ha evolucionado. Después de cincuenta años, cada vez me asombra menos la imaginación, el descaro, el valor, la cobardía del cerebro humano.

Nathalie Laceur: ¡Del inconsciente!

G. T.: Sí, fue inventado por uno de vuestros colegas, Sigmund Freud, que era judío… Bueno, voy quizás a comenzar por ahí.

Un día recibí a un hombre con traje y corbata, de 50 años, que me dice:

–Me hablaron de que usted puede seguir a la gente discretamente. ¿Puedo pedirle que siga a mi esposa?

Como este cliente era muy inteligente, después de media hora de conversación le pregunté:

–¿A qué se dedica, señor?, porque me parece muy culto.

–Soy rabino.

–¿Qué quiere decir con que es rabino?

–Bueno, sí, soy rabino.

–Pero pensé que los rabinos…

–¡Oh, señor Thomas, usted es un auténtico goy! Nosotros, no solo tenemos derecho a casarnos, sino que incluso tenemos la obligación de casarnos.

Seguí a su mujer durante una semana. No hizo nada sospechoso. Y fue entonces cuando pensé que, incluso siendo religioso, con reglas, ética y moralidad, se puede simplemente ser celoso. En ese momento me pareció gracioso. Es como si el sacerdote me pidiera que siguiera a su pequeño monaguillo. He aquí una historia divertida para comenzar.

N. L.: ¿Cómo se convirtió en detective?

G. T.: Yo era estudiante de medicina. Quería estudiar cuerpos, quería ayudar a la gente. Pero cuando eres estudiante no tienes ni un céntimo, estás en bancarrota. Así que, en el verano, tuve que trabajar durante cuatro meses. Como me gustaba andar en moto respondí a un anuncio en Moto Revue: "Se busca motociclista". Fui allí, pensé que sería mensajero. Y me topé con la mayor firma de detectives de París dirigida por el señor Michel Forget. Me dijo: "Señor Thomas, va a ser detective. Con su moto seguirá a la gente". Y muy pronto me dí cuenta de que el noventa por ciento de mi trabajo estaba relacionado con… ¡la vida amorosa!

N. L.: ¿Abandonó la facultad de medicina para convertirte en detective?

G. T.: Dejé mis estudios porque no era muy estudioso. En vez de tratar los cuerpos, me orienté por la mente…, me sorprendió la imaginación de la gente. Además, ver a los amantes felices cuando se encontraban, me conmovió. Bueno, usted me explicará, por qué no pensé simplemente que se trataba de mentirosos, de manipuladores.

N. L.: ¿Puede contarme un poco más sobre estas investigaciones relacionadas con la vida amorosa?

G. T.: Terminaban con una constatación de adulterio. Hace cincuenta y cinco años el adulterio era un delito penal. Podíamos ir a prisión mi señora; si usted engañaba a su marido y yo a mi esposa, íbamos a la cárcel. Por eso era importante que los abogados contrataran detectives para reunir pruebas; porque detrás de los sentimientos, detrás de un amor, puede haber un interés económico, el patrimonio, la custodia de los hijos. En resumen, cuando empecé, el detective –en todo caso yo, no hablo de mis colegas– efectuaba casi exclusivamente constataciones de adulterio. ¿Sabe cómo se hace una constatación? Tienen que estar presentes un comisario de policía, un funcionario judicial, un cerrajero y dos o tres detectives. ¿Por qué dos o tres detectives? Porque el caballero o la dama puede saltar por la ventana al otro lado y escapar.

N. L.: Mientras tanto, los tiempos han cambiado y también las leyes.

G. T.: Efectivamente, cinco años más tarde, al menos en Francia, las leyes cambiaron y el adulterio no fue más considerado un delito penal. La profesión, que se basaba en la técnica del seguimiento, se orientó hacia el robo, los seguros, las estafas y la competencia desleal. Pero no he dicho que no tengamos más trabajo sobre asuntos sentimentales; funciona siempre, pero comparado con el porcentaje de trabajo, en este despacho hoy es un cincuenta por ciento de asuntos sentimentales: casos de celos, casos de seguimientos. Seguimos haciendo regularmente investigaciones prematrimoniales.

N. L.: ¿Qué es eso exactamente?

G. T.: Conoce a alguien y antes de convertirla en la futura madre de sus niños quiere conocer acerca de su moral. A menudo esto depende de las condiciones en las que se conocieron. La gente en lugar de encontrarse de forma azarosa y espontánea se está encontrando, cada vez más, a través de las redes sociales, páginas web de swingers… A veces quieren al menos verificar. Vienen a mí y me dicen: "Nos conocimos vía sitios de citas y encuentros. Me gustaría saber si sigue saliendo con mujeres, porque vi que había dejado su perfil abierto en la aplicación de citas". Desde hace veinte años hacemos muchas investigaciones prematrimoniales.

Hace tres meses una señora nos llamó diciendo: "¿Pueden investigar a un caballero? Lleva seis meses intentando cortejarme por Internet… Me enamoré de él. Me llama diciendo que está en prisión, que necesita dinero para salir y pagar a sus abogados". No son los sentimientos los que han evolucionado. El amor siempre es el mismo, tecnológicamente ha habido muchos cambios. Y los estafadores usan muy bien este progreso tecnológico como arma.

Un día, un caballero nos llamó, un americano, llamémosle señor Smith. Me dijo:

–Monsieur Thomas, voy a casarme con una francesa.

Le dije: –Felicitaciones, señor Smith, ¿cuál es el problema?

–Bueno, vamos a fingir ser clientes.

Entre los detectives llamamos a estos casos un "cliente misterio". ¡Bingo! Ella responde a mi mensaje. Nos vemos en los Campos Elíseos, café… Es encantadora, amable. Por la noche la contacto de nuevo y le ofrezco conocernos un poco mejor.

–Estoy en el Palace, avenida Montaigne. Si quieres, pasamos la noche juntos.

Ella me dice: –Sí, ¿por qué no?

Le respondo: –Te devolveré la llamada, primero debo ver si no tengo trabajo.

Llamo a mi cliente y le digo: –Mire, ella vino a la cita; le cuesta "tanto" –porque es el que contrata el servicio quien paga todo–; y luego le ofrecí pasar la noche en el Palace, ¿vamos allí?

El cliente dijo: –Le creo, señor Thomas, pienso que no ha dejado de encontrarse con otros hombres.

Así que no continuamos. Unos días después, paseaba por París y me encuentro con el señor Smith, ¡con su esposa y sus dos hijos…! Sí, a veces nuestros clientes tampoco nos cuentan todo.

N. L.: Los clientes lo consultan para comprobar algo, ¿a veces descubre cosas que sus clientes no esperaban en absoluto?

G. T.: Un hombre pide seguir a su esposa durante una semana, quiere saber si se encuentra con otros hombres. La sigo durante una semana. Durante todo este tiempo no ve a ningún hombre. Por otro lado, cada día se encuentra con una amiga. Van de compras, van a los Campos Elíseos, la Avenue Montaigne… Durante una semana siguió saliendo con amigas. Me digo a mí mismo que estoy perdiendo el tiempo. Sigo haciendo las fotos, porque es mi trabajo, y al final de la semana se las muestro al cliente. Le digo queriendo tranquilizarlo: "Cuando usted se fue al extranjero, durante toda esa semana su mujer no vio a ningún hombre. Solo se encuentra con sus amigas, la pasan genial tomadas de la mano, van de compras, etcétera". Y el caballero se pone rojo: "Debería habérselo dicho, señor Thomas… Cuando conocí a mi esposa, ella era bisexual". Ese es el tipo de sorpresa que he tenido.

Otro ejemplo de hace veinte años: una señora de 50 años. "Creo que mi marido tiene una amante. ¿Puede seguirlo?". Y me da un día preciso. ¡Bingo! Esa tarde fue a la provincia, a cincuenta kilómetros de París, se detuvo en un hotel y entró. Dos horas después sale con una joven encantadora, veinte o veinticinco años más joven que él. Se suben a sus respectivos autos, se siguen mutuamente; hago fotos, tengo las matrículas. Diez kilómetros después se detienen al borde de la carretera y salen para el último beso. Hago unas cuantas fotos más. Tres días después llamé a la clienta para entregarle el informe y las fotos, y entonces comienza a llorar. "¿Sabe quién es la dama con la que se encontró mi marido? La conozco. ¡Es mi nuera, la esposa de mi hijo!". Así que un doble desastre… No sé qué pasó después. Esto es una gran frustración para los detectives. La gente viene a nosotros porque nos necesita, porque quiere pruebas. Por supuesto, tienen derecho a no continuar, a no llamarnos para dar más noticias. Debe ser un poco como los analistas, si usted tiene un paciente, lo trata y después, ¡uy!, desaparece.

N. L.: En una época en la que todo el mundo dice lo que es, muestra lo que es, cuando todo supuestamente es transparente, usted da testimonio de que aún quedan secretos.

G. T.: La gente siempre miente, siempre tiene su jardín secreto. Eso no ha cambiado en mil años, en diez mil años, salvo que ahora, de hecho, todo pasa por el teléfono móvil. La vida, el recorrido, las ideas, los amores, todo está en el teléfono. Eso está relacionado con el progreso tecnológico. Pero el hombre en sí, ni la mujer misma, no ha cambiado.

Añadiría una connotación dramática, concretamente lo que tampoco ha cambiado es que los celos pueden llevar a la tragedia. Y, desafortunadamente, hemos sido testigos de cinco tragedias apasionadas, que terminaron de la forma más triste: la eliminación no solo del rival, sino también de la esposa o el marido. Para los detectives esto se llama el "objetivo". Eliminación física. Así que, verá usted –Otelo, etcétera–, los celos pueden llevar a extremos.

N. L.: ¿Alguna vez rechaza pedidos de investigación?

G. T.: Por supuesto. No solo en el contexto sentimental, por cierto. Un día un hombre nos pide que sigamos a su esposa. Este caballero lleva varios años en prisión y le gustaría saber si ella tiene un amante, si tiene alguna aventura. Le pregunto:

–¿Puede decirme por qué está en la cárcel?

– Sí, le pegué a mi mujer.

No hay obligación de aceptar casos tan peligrosos. Desgraciadamente en el pasado he aceptado casos que no sabía que eran peligrosos, y que empezaron con banalidades:

–Señor Thomas, ¿puede encontrar a mi esposa? Durante cuatro días ha estado desaparecida. ¿Puede encontrarla para mí?

Una semana después lo llamé:

–Tengo buenas y malas noticias. Encontré a su esposa, pero la encontré en casa de un caballero.

–¿Un amante?

–No lo sé, pero viven juntos.

–¿Me da la dirección?

Como un idiota, como un tonto que era hace cuarenta años, le doy la dirección; era joven, era fogoso, quería complacer al cliente. Le doy el resultado de mi trabajo, ¡qué tontería había hecho! Le di la dirección de la pareja, su esposa, y su novio. Cuarenta y ocho horas después, a las seis de la mañana suena el timbre en mi casa: ¿quién viene a despertarme a las seis de la mañana? La policía criminal del 36, quai des Orfèvres, ¡la gran comisaría de los asesinatos! Dos policías:

–¿Conoce a fulano?

–Sí, es mi cliente.

–¿Qué le pidió su cliente?

–Que encontrara a su esposa.

–Señor Thomas, ¿sabe qué hizo su cliente cuando lo dejó? Compró una escopeta, mató a su esposa y al amante. Dijo que era gracias a usted.

Así que me llevaron para interrogar, para testificar. Ahora reflexiono, pero en ese momento era ambicioso. Eso fue hace cuarenta años. Desde entonces la ley ha cambiado en Francia. No sé si es a causa de esta historia o gracias a ella. Ahora, cuando nos piden encontrar personas, direcciones de personas, tenemos la obligación de pedir permiso a la persona implicada que denominamos: "objetivo". Si dice que sí, le damos la dirección a nuestro cliente. Si la persona implicada, el "objetivo", dice que no, no damos la dirección. Mi desafortunada experiencia puede haber aportado algo al derecho francés. Los sentimientos pueden llegar a extremos, incluso a la muerte.

N. L.: ¿Alguna vez sugiere que los clientes vayan a ver a un psicoanalista, un psiquiatra, en lugar de responder a su solicitud de investigación?

G. T.: Hoy en día a menudo escucho personas que dicen que son muy abiertas de mente, muy comprensivas. Cada vez hay más parejas que aceptan el intercambio de parejas y sin embargo… Un día, un caballero vino a verme y me dijo: "¿Puede seguir a mi esposa durante quince días? Debo saber qué hace". Después de una hora de conversación… ¿Por qué quiero tomarme el tiempo para hablar con mis clientes?, es un poco adivinar su personalidad. No somos psicólogos, pero cuando hablamos tenemos que ver si las personas son más o menos normales, si tienen actitudes muy limitadas, al menos desde el punto de vista moral o, al contrario, si van en todas direcciones. Así que, después de una hora, le pregunto a este caballero que me pide que siga a su mujer, cuál es su trabajo. "Soy el director de un club de swingers". Lo miro sorprendido y le digo: "Espere, no lo entiendo, ¿así que ya está acostumbrado…?". "Sí, sí, me responde, mi mujer también, somos swingers. Pero, aun así, quiero saber qué está haciendo". Así que, por fuera podría pensar que es de mente abierta, pero aún necesita alguna prueba. Solo un psicólogo, un psicoanalista, puede explicarme por qué.

Esta semana una señora quería que siguiera a su hombre. Están juntos, disfrutan estar juntos, pero viven separados y viven aventuras por separado. La señora se irá unos días y quiere saber qué estará haciendo su novio. ¿Pero por qué nos pide que averigüemos cuando se han dado libertad ? ¿Puede explicármelo? Yo no puedo explicármelo a mí mismo.