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Una mujer transporta en la parte trasera de su automóvil el cadáver de su amante.
Es allí, en ese chalet de montaña a orillas de un lago, donde se encontraban en secreto; se inventaban una vida de pareja, hacían el amor, reían, jugaban, dialogaban… Pero ese día, mientras ella prepara amorosamente el desayuno, M. no regresa de su baño matinal. Estupefacta, descubre –flotando en el lago– el cuerpo sin vida de su amante.
Ricardo Seldes recuerda que "sexualidad y muerte son los dos imposibles freudianos cuya resolución apela al dominio pulsional".1 La muerte de su amante la sumerge en un "vacío monstruoso dejado por la ausencia".2 Durante cuatro días, se negará a "abandonar" el cadáver: "sabía que estaba muerto, no estoy loca",3 pero se asombra de no lograr sacarlo de allí, de ese estado irremediable.
"Aquí podíamos imaginarnos […] que envejeceríamos […] juntos […], [que] nos bastaríamos el uno al otro. Amábamos esa mentira".4 Y luego ella, a veces, se la creía. Esa mentira, ese ideal amoroso, en el que ella cree, ¿qué enmascara? El terror de agotar su diálogo –diálogo de palabras, de cuerpos–; el terror al silencio hastiado, ¡al deseo seco! Este pasaje no deja de evocar lo que indica Deborah Gutterman-Jacquet en Creer, donde palabra y creencia "mantienen al creyente en la ignorancia de su fondo de negrura".5 Creer "suple la ausencia de relación sexual y por este hecho enmascara la muerte".6
Si bien la novela de Adeline Dieudonné adopta una forma epistolar, se trata ante todo de un monólogo sobre un duelo imposible y un acto que marca un rechazo radical, que empuja al personaje principal a interrogarse sobre su propia locura, el enigma, el secreto que ella es para sí misma: "No estoy segura de haber captado plenamente lo que me ocurrió, ni lo que me condujo a actuar como lo hice. No hay moraleja en esta historia […] [cuyos hechos me llevaron] a territorios oscuros, a los pantanos de mi conciencia".7
La ficción –como dice Dieudonné– es "un terreno donde podemos ir a domesticar, a tocar cosas, sabiendo que no nos lastimarán en la realidad".8 Esta inclinación insidiosa al ensueño es lo que "condiciona la vida como vivible",9 indicando la función del "obscurantismo propio de la palabra"10 como sosteniendo el principio de placer. Para ella, a diferencia del famoso sueño relatado por Freud –"estaba muerto y no lo sabía"–, él estaba muerto, ella lo sabía, pero no puede resignarse a ello. Sin embargo, decide dirigir lo que se revela como lo más singular a ella misma, escribir palabras "para captar su carne".11 Pero se le escapan, se deslizan: las palabras allí fracasan en atrapar lo real.
El contraste entre el ideal amoroso y lo real que este intenta recubrir es impactante, provocando –en el límite– el malestar del lector: nada se ahorra de las manchas que aparecen en el cadáver, de los líquidos que se escapan, del olor nauseabundo; ella no da testimonio de asco alguno. Lo mismo ocurre cuando ese ideal no vela la relación sexual que no hay. Sin ese amor, no aparece entonces más que el objeto al alcance de los hombres:12 "Él quería un hijo, yo tenía un vientre […] Su inteligencia me erotizaba, no era recíproco. Le gustaba mi culo. No, […] no mi culo. Estaba orgulloso [de] el destello de envidia en los ojos de sus amigos".13 Pero incluso con amor, el fantasma es el mismo, es siempre la "M": que en el "mercado de las minas buenas", ella sea empujada hacia la salida de "la feria de ganado", donde "sin embargo ocupaba un lugar honorable".14 Si el "beneficio más evidente" de la palabra obscurantista es experimentar la felicidad de "la noche transparente", lo que retorna en el resplandor es la "noche negra",15 oscuridad que enmascara la creencia en la mentira del ideal amoroso.

[1] Seldes, R., "Del misterio al secreto de lo sexual", Argumento del Congreso de la AMP, No hay relación sexual, París, 2026. Disponible en: https://congresamp.com/tema/argumentos/
[2] Dieudonné, A., Reste, Paris, Editions de L'Iconoclaste, 2023, p. 233. Inédito en español. [La traducción es nuestra] [3] Ibíd., p. 15.
[4] Ibíd., p. 17.
[5] Gutterman-Jacquet, D., "Luminaria", Creer, Ornicar? nº. 2, Buenos Aires, Navarin/Grama, octubre de 2023, p. 8
[6] Lacan, J., "Respuesta de Lacan a una pregunta de Catherine Millot. Improvisación: deseo de muerte, sueño y despertar", Freudiana n.° 88, Revista de la ELP-Catalunya, Barcelona, enero/abril de 2020. Disponible en: https://freudiana.com/revista/freudiana-no-88/
[7] Dieudonné, A., óp. cit., contratapa.
[8] Dieudonné, A., Reste, Entrevista a cargo de Editions de L'Iconoclaste. Disponible en: https://youtu.be/v1inyDye7ok
[9] Gutterman-Jacquet, D., "Luminaria", óp. cit.
[10] Lacan, J., "Carta de disolución", En los confines del seminario, Buenos Aires, Paidós, 2022, p. 74.
[11] Dieudonné, A., Reste, óp. cit., p. 13.
[12] Cf. Lacan, J., Le Séminaire, Livre XV, L'Acte psychanalytique, Paris, Seuil & Champ freudien Éd., 2024, p. 266. Inédito en español. [La traducción es nuestra] [13] Dieudonné, A., Reste, óp. cit., p. 20.
[14] Ibíd., p 23.
[15] Lacan, J., "Carta de disolución", óp. cit.

Fragmentos de películas propuestos por el Seminario de Psicoanálisis y Cine de la ACF-Bélgica : Maud Ferauge, Claire Piette, Valérie Lorette, Yves Depelsenaire, Nicolas Moyson.

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