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En la era actual de la digitalización, globalización y separación geográfica, las tribus urbanas y microcomunidades funcionan como redes de apoyo social, ofreciendo espacios en los que sus participantes, comúnmente subgrupos conectados por un interés común, se encuentran, se relacionan y participan. En Londres se observa un incremento de estas microtribus.
Un modo particular de encuentro ha proliferado dentro de la industria del bienestar. Los círculos de mujeres –a veces llamados "templos de la luna" o "templos de mujeres"– son encuentros no institucionalizados, generalmente mensuales, en los que las mujeres se reúnen para relajarse, meditar, compartir historias, participar en rituales, sanar, nutrirse y empoderarse.1
Estos encuentros creativos se presentan como espacios sagrados y amables, nutritivos e intuitivos, guiados por una ética de cuidado, honestidad, aceptación y sencillez, ofreciendo un antídoto contra la soledad, al cultivar relaciones genuinas, libres de pretensiones o presiones. Las participantes son invitadas a reconectar con sus cuerpos y con su sensualidad a través de rituales orientados a acceder a los "ritmos naturales" del cuerpo, a veces realizados alrededor de la luna nueva, afirmando así un vínculo entre el calendario lunar y el ciclo corporal femenino. Las prácticas ritualizadas o somáticas utilizadas se presentan como formas de "descender" al cuerpo y conectar con el poder o la energía femenina.
Estos espacios femeninos ritualizados ofrecen no solo formas alternativas de goce, sino también condiciones específicas para el encuentro. Todo está orientado al cuidado; todo es opcional, nada es impuesto. Una liberación física sin secuelas es prometida a través de rituales corporales, y el énfasis en la "delicadeza" vela cualquier ruptura o asimetría. En cambio, el cuerpo se utiliza como lugar de una verdad mística del género: no encarnando lo que cada mujer quiere o cómo goza, sino aquello que desea liberar, como parte de una fantasía de plenitud femenina.
Se busca reconectar con el cuerpo femenino con la esperanza de que, si las mujeres regresan a sus cuerpos, la conexión será restaurada. Adicionalmente, la hermandad ofrecería un partenaire alternativo: un Otro suave y seguro que vería sin juzgar ni desear y que respondería sin ambigüedad. La feminidad es presentada entonces como algo pleno, compartido y garantizado a través de los cuerpos de otras mujeres.

[1] Longman, C., "Women's Circles and the Rise of the New Feminine: Reclaiming Sisterhood, Spirituality, and Wellbeing", Religions, Vol. 9, 2018. Disponible en línea: mdpi.com