Comparte este artículo en las siguientes plataformas

Bajo este nombre, en Santiago del Estero, dio sus primeros pasos un tipo particular de evento que arrancó con apenas un par de mesas y una más que tentadora invitación, al menos para las decenas y luego cientos de mujeres que se fueron sumando cada noche a medida que se corrió la voz.
Aunque en un principio se trataba de pequeñas fiestas que no eran exclusivas para mujeres, fueron ellas las que tomaron el guante. En menos de seis meses, acudir a Terapia de Despecho, se convirtió en un boom en la ciudad. Hoy, para conseguir un lugar, es necesario reservar con bastante anticipación y se empezó a extender a otras provincias.
Mujeres de todos los palos y edades invitan a otras a ir, o fueron y cuentan su experiencia a carcajadas. De qué se trata, a qué debe su éxito.
La reserva incluye un lugar en una mesa con amigas en la que hay un micrófono casi de juguete que puede tomar quien quiera. En el amplio salón suena fuerte y no de fondo, la música de ayer y de hoy dedicada al amor y sobre todo al desamor, al despecho. La que se volvió o va a volverse clásica en esta materia. Basta ver el IG del lugar para reconocer las canciones siempre vigentes y las urgentes, las que hacen estallar en gritos o pararse sobre las sillas a algunas mujeres.1
Esta terapia consiste en hacer uso de esas canciones que se cantan con cuerpo y todo, con emoción, incluso con desesperación y además hacerlo acompañada por otras que bailan y corean de una a otra mesa.
La atmósfera tiene algo de dramático y cómico, sin dudas divertido. Una escena en la que nada parece más imperioso que estar ahí, al tiempo que causa risa entre las participantes.
En la noche dedicada nada menos que al día de los enamorados, una chica canta su reproche a la encarnación del mismísimo cupido en la fiesta. Muchas ríen, para ella parece lo más serio del mundo. Ya salida del personaje reirá de su propio montaje ovacionada por las amigas de su mesa y alrededores. Será el turno de otra, interpretará un tema a dúo que comienza con una voz compungida diciendo, "Amiga tengo el corazón herido" y en el que luego de una conversación cantada, ambas concluyen, "son cosas del amor". Toda la sala acompaña este último verso. Parece que van a llorar, pero el tema termina y ríen a carcajadas, abrazadas. Comienza otra canción.
En IG alguien comenta, "no quería ir al baño para no perderme un minuto lo que pasaba".
No se trata de una terapia para sino de despecho. Un tratamiento de lo que no anda en el amor, por el despecho, puesto a cantar. Un plan posible y para muchas, imperdible.