Deseo y aplazamiento en los vínculos contemporáneos
El osculum, tal como Jacques Lacan lo trabaja a partir del amor cortés,1 designa un gesto ritualizado del lazo erótico: un beso ceremonial que no apunta a la consumación carnal, sino a sostener el deseo en su elevación simbólica. No se trata de alcanzar al Otro, sino de mantenerlo como causa del deseo.
Esta lógica permite leer ciertos modos del lazo en las relaciones digitales contemporáneas: redes sociales, aplicaciones de citas, intercambios virtuales o vínculos a distancia. Puede hablarse aquí de un osculum digital, entendido como el gesto mínimo de contacto simbólico que no consuma el vínculo, pero lo mantiene activo y tenso. Un "visto" sin respuesta, un like a una historia, una reacción mínima o un mensaje breve –"¿cómo estás?", "pensé en ti"– operan como signos que no entregan el cuerpo ni el goce, pero sostienen el deseo en suspenso.
Como en el amor cortés, se instala una economía del aplazamiento. Se intercambian palabras, imágenes o incluso declaraciones afectivas, sin que el encuentro tenga lugar. El vínculo se sostiene sin consumación ni ruptura. Se trata de una forma contemporánea de ascetismo del deseo, donde lo decisivo no es lo que se obtiene, sino lo que se preserva como imposible. "El objeto, […] se introduce por la muy singular puerta de la privación, de la inaccesibilidad".2
Lacan subraya que el trovador no busca poseer a la Dama, sino servirla como causa de su deseo. En muchos vínculos digitales, el sujeto queda atrapado en un circuito similar: depende del otro para obtener un signo de reconocimiento, una respuesta, una señal. El goce no se localiza en la realización, sino en la espera misma. Se trata de un goce de la falta, más cercano a la lógica neurótica que a un encuentro amoroso.
La Dama digital puede encarnarse hoy en un perfil, un crush idealizado o un partenaire siempre presente y siempre inaccesible. Su presencia es intermitente y enigmática, lo que la eleva a la función de objeto a. Así, la lógica del osculum reaparece en el microcontacto sin encuentro, en el ritual de la espera y en la idealización del Otro como inaccesible.
Lo que Lacan señaló en la técnica erótica medieval se reactualiza así en los lazos digitales: una estructura del deseo que sostiene el goce en la falta y no en la realización. El osculum señala ese umbral simbólico –ni pura carne ni puro signo– que mantiene vivo el deseo, aun cuando el cruce nunca se produzca.
[1] Lacan J., (1959-1960) El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2007, p. 187.
[2] Ibíd., p. 183.


