Comparte este artículo en las siguientes plataformas

"De ahora en adelante, y mucho más de lo que creen, todos ustedes
son sujetos de instrumentos que, del microscopio a la radio-televisión,
se han convertido en elementos de su existencia".1
Jacques Lacan, 1972

La neurociencia y la pediatría no dejan de alertarnos sobre los peligros en el desarrollo de un niño, por estar expuesto a pantallas a temprana edad. Por su parte, los jardines de infantes solicitan la firma de un documento que autorice la publicación de fotos de cada niño, decisión que quedará del lado de los padres. La imagen del niño hoy despierta tanta fascinación como temores.
Sentada como cada día frente a la pantalla del celular, Amelia de 2 años realiza sus rutinas y monerías para sus "tías virtuales" como las llama su madre. Allí, cada hito de su crecimiento es expuesto: sus primeros pasos, las primeras palabras o el momento en que su madre decide, con mucha culpa, darle el biberón en lugar del pecho materno. Una versión 2.0 de The Truman show.
Una niña que desconoce los alcances de la mostración a la que su madre-propietaria la somete, que ha perdido el derecho a la imagen y para quien el deseo se ha condicionado desde su más temprana edad.2
Su madre, en un intento de "hacer comunidad", expone ante sus cientos de seguidores los avatares de su recorrido por el camino de la maternidad: desde la pérdida de la paciencia y los enojos con el padre de la niña, a la hipótesis que elabora sobre el sexo posparto. Lo íntimo toma forma de exhibición en el relato de una madre "suficientemente buena", que se ocupa diariamente de estimular a su hija para que cada logro adquirido se corresponda con su edad. ¿Es esta la nueva forma del cuidado con la marca de un interés particularizado, del que habla Lacan?
El Otro que no existe parece revelarse bajo la modalidad de un ojo infinito que juzga, compara o incluso felicita los momentos del crecimiento de una desconocida. Los comentarios se multiplican: madres pidiendo recomendaciones de coaches de sueño o estimuladores del lenguaje para alcanzar los logros de Amelia. Como si eso que no está escrito en la naturaleza, el saber que no hay sobre ser madre, padre o hijo, el Otro de TikTok prometiera brindarlo.
El objeto niña se ofrece como un ideal y la pantalla funciona como el tercero entre esta niña y su madre, aunque no separa, sino que, más bien, completa el circuito. En este "elenco de dos", no se tratará ni del logro, ni de la sanción del Otro ("¡bravo!"), sino de que la cámara lo capte; y es allí donde Amelia dirige la mirada –podríamos aventurarnos a decir– en la pregunta por el deseo del Otro.
Es lo social lo que empieza a remplazar a aquello que la familia ya no produce, en un intento de otorgarle al sujeto la trama de su existencia;3 trama que, en la vida de Amelia, pareciera hacer de la pantalla el Otro del Otro, en una relación madre-hija que pretende existir.

[1] Lacan, J., (1972-1973) El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 99.
[2] Fryd, A., Niño objeto ¿de quién? ¿de qué?, Jornada anual, Departamento Pequeño Hans, octubre de 2025.
[3] Lacan, J., (1973-1974) Seminario 21 "Los incautos no yerran", clase del 19 de marzo de 1974, inédito.