La ilusión de la transparencia está por todas partes. Ya sea por la contractualización de las relaciones amorosas,1 ya sea por la expansión de las videovigilancias y las redes.
No hay relación sexual, sino una "relación narcisística"2 en el goce ligado al estadio del espejo. Con el empuje contemporáneo a Ver-Todo, "El mundo […], se ha vuelto omnivoyerista".3 El aumento de cámaras ficticias –falsas cámaras de vigilancia– produce la sensación de estar siendo siempre visto. Creerse mirado todo el tiempo es una tentativa imaginaria de relación permanente con el Otro. La pulsión escópica en su apogeo llega a ser ilimitada. Se ve tanto en las redes sociales –en particular con la expansión de los BeReals, donde se comparte instantáneamente el momento que se vive, en los que el "narcisismo se eleva a la dimensión de arte popular"–,4 como en la videovigilancia que hace creer al sujeto que el Otro siempre lo ve y que, por lo tanto, nunca está solo. Hay, sin embargo, una paradoja; el goce narcisístico fracasa en desvelar todo el ser del sujeto, ya que una parte del sujeto no se reconoce en ese goce y se oculta.
En el plano simbólico, la relación "descansa […] en una relación profunda con el Otro".5 La época y su ideal de transparencia sueñan con que todo se podría comprender sin malentendido. En efecto, el discurso de la ciencia está animado por la creencia de que todo lo real es visible. Jacques-Alain Miller precisa que "el Otro del significante no es el Otro de la verdad. […] El Otro del significante es solo virtual".6 Así pues, el furor de hacer existir la relación simbólica a partir de la transparencia comporta la ilusión de obtener una verdad toda. Esta ilusión queda desbaratada por lo que es imposible de decir. La videovigilancia se ha generalizado para prever todo y no perderse nada. El saber absoluto pretende prescindir de la palabra y reducirse a pura comunicación. Supone que la verdad sería intangible, el porvenir previsible y la comunicación sin falla alguna. El inconsciente, lo real, el goce y lo íntimo son evacuados. Queda la ilusión de que la relación puede existir, a pesar de que Ver-Todo excluye Decir-Todo.
En el plano de lo real, la época tiende a encontrar una relación entre el cuerpo y el sujeto. Un saber sobre el goce sería posible gracias a la transparencia. La ciencia promueve la idea de que el cuerpo es "el lugar de la verdad",7 especialmente en las investigaciones sobre el ADN o de la imagenología. Pero el propósito de objetivar al sujeto choca contra una opacidad irreductible. En efecto, por mucho que el cuerpo sea radiografiado o autopsiado, los secretos del deseo y el goce no se capturan.
La ilusión (imaginaria) de que "eso funciona" no puede más que fracasar frente a lo real del "eso falla".
[1] Alberti, Ch., "No hay relación sexual", Argumento del XV Congreso de la AMP de 2026. Disponible en línea: https://congresamp.com/blog/no-hay-relacion-sexual/
[2] Miller, J.-A., (1995-1996) La fuga del sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 174.
[3] Wajcman, G., El ojo absoluto, Buenos Aires, Manantial, 2010, p. 69.
[4] Ibíd., p. 224.
[5] Miller, J.-A., La fuga del sentido, óp. cit., p. 174.
[6] Miller, J.-A., (2011) "El Uno solo", clase del 18 de mayo de 2011, inédito. Publicada en Freudiana n.º 67, Revista de psicoanálisis de la ELP-Catalunya, 2013.
[7] Wajcman, G., El ojo absoluto, óp. cit., p. 102.


