Barbara Cassin dedicó muchos años a recoger en un diccionario –el Vocabulaire européen des philosophies– lo que ella llama los "intraducibles": "no lo que no traducimos, sino lo que no cesa de (no) traducir".1 Esas palabras hacen síntoma2 y fuerzan a los traductores a un trabajo de Sísifo, a recomenzar siempre.
La lectura de su ensayo Elogio de la traducción me condujo a preguntarme si la traducción no es siempre una cuestión de intraducibles. En la traducción, ¿no es siempre cuestión de un imposible a traducir?
Aun cuando las palabras parecen corresponder, incluso en los casos en los que podemos conformarnos con una traducción palabra por palabra, ¿no hay siempre un cierto lost in translation? Ese lost es moebiano: es un efecto de la traducción y, al mismo tiempo, se encuentra en el corazón mismo del acto de traducción. Es en sí misma la fuerza motriz de la traducción. Es imposible traducir sin asumir en sí esta pérdida.
El bilingüismo permite hacer la experiencia de la elección, de la selección de las palabras. De hecho, a menudo, cuando hacemos una traducción percibimos que hay frases que serán "difícilmente dichas" en la otra lengua, es decir que las resonancias no serán las mismas… Pérdida, lost in translation. De allí, el sublime ejemplo de Picasso: "Si pienso en una lengua y escribo «el perro persigue a una liebre por el bosque» y quiero traducirlo a otra lengua tendré que decir «la mesa de madera blanca hunde sus patas en la arena y muere casi del susto al reconocerse tan [idiota]»".3
Es la elección, el estilo del traductor –a entender como la manera de habitar una lengua– que determinará cómo podemos decir, lo más cerca posible, eso que en otra lengua se dice tan fácilmente, pero que roza, raspa, se engancha, en el uso de una lengua cuando eso debe ser traducido.
Por ello, en cada texto a traducir, la experiencia del agujero de lo simbólico que habita una lengua se manifiesta.
Es traduciendo que se puede hacer la experiencia del agujero inherente a lo simbólico. Si no hay "universo de discurso" que permita una traducción exacta palabra por palabra en todas las lenguas, se vuelve evidente que la lengua que hablamos está en falta, agujereada. Si no hay correspondencia entre las lenguas, no hay tampoco relación entre significante y significado en una misma lengua. ¡Henos aquí todos condenados al "monólogo de la apalabra"!4
A esta experiencia de la traducción, hemos consagrado varios meses durante la preparación del Blog para el próximo Congreso de la AMP.
¡El aforismo lacaniano que nos convoca no es una excepción! Entre el español y el francés, entre rapport y relación o rapport y relation, ¡hay un gap!
[1] Cassin B., Elogio de la traducción. Complicar el universal, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2019, p. 21.
[2] Ibíd.
[3] Picasso, P., Poemas en prosa, Barcelona, Plataforma Editorial, 2008.
[4] Miller, J.-A., (1995-1996) La fuga del sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 139.


