Conocida por muchos, la canción "Desafinado"1 celebra la belleza y la imperfección del amor como notas musicales que nunca se armonizan perfectamente y, aun así, encuentran cierta armonía juntas.
La estructura y la armonía musical de esta composición reflejan el tema de la canción mediante acordes y progresiones innovadoras y disonancias del jazz, que en su momento provocaron extrañeza y críticas.
El arte musical siempre ha enfrentado la disonancia y el ruido y, contrariamente a lo que se suele pensar, su historia nos muestra que no existe una afinación absoluta. Lo que existen son acuerdos –de ahí proviene el término musical "acorde"–. Existen sistemas de afinación conciliadores, que desafinan un poco todas las notas para que ningún intervalo suene excesivamente mal, aunque ninguno suene perfectamente bien; son los llamados "temperamentos". Podemos decir, entonces, que afinar es intentar encajar los sonidos, pero no existe una fórmula que los haga encajar a todos de forma armónica. Hay arreglos, afinaciones y temperamentos más o menos aceptables, según los propósitos, la practicidad, la atmósfera musical deseada, etcétera.
Podemos proponer, entonces, que lo desafinado se impone como un real en el campo musical, factor irreductible y a la vez propulsor, ya que es precisamente por la inexistencia de la afinación perfecta que surgieron tantas modalidades de afinación.
Si no hay una afinación sexual hay, sin embargo –como en la música– afinaciones posibles entre los sexos. Cabe preguntarnos qué serían, en nuestros términos, esas notas, ritmos, números irracionales, nubes de infinito, que podrían ofrecernos recursos para esa invención. Las fórmulas de la sexuación nos ayudan, pero aún parecen demasiado rígidas para componer los tonos y colores precisos para esos acuerdos y acordes.
El tema de la afinación resalta, finalmente, que, para afinarse con el otro –"si dices que desafino, amor"– es necesario escucha, arte, un toque de formalización, decisión y elección, lo cual sugiere que estamos ante un matema de la estética y de una ética al escuchar al desafinado que somos y al mundo que nos rodea.
Es posible que los seres hablantes vivan según el Witz que circula entre los músicos de cuerdas. Ellos pasan la mitad del tiempo afinando sus instrumentos y la otra mitad tocando desafinados.
[1] Compuesta por Tom Jobim y Newton Mendonça.


